El hombre rebelde
El hombre rebelde Lenin parte, pues, del principio, claro y firme, según el cual el Estado muere tan pronto como se opera la socialización de los medios de producción, quedando entonces suprimida la clase de los explotadores. Y sin embargo, en el mismo libelo llega a legitimar el mantenimiento, tras la socialización de los medios de producción, y, sin plazo previsible, de la dictadura de una fracción revolucionaria sobre el resto del pueblo. El panfleto, que toma como referencia constante el experimento de la Comuna, contradice absolutamente la corriente de ideas federalistas y antiautoritarias que produjo la Comuna; se opone de igual modo a la descripción optimista de Marx y Engels. La razón está clara: Lenin no olvidó que la Comuna había fracasado. En cuanto a los medios de una demostración tan sorprendente, son más simples aún: a cada nueva dificultad encontrada por la revolución, se da una atribución suplementaria al Estado descrito por Marx. Diez páginas más adelante, sin transición, Lenin afirma, en efecto, que el poder es necesario para reprimir la resistencia de los explotadores «y también para dirigir la gran masa de la población, campesinado, pequeña burguesía, semiproletarios, en la ordenación de la economía socialista». El cambio de dirección es aquí indiscutible; el Estado provisional de Marx y Engels se ve cargado con una nueva misión que puede darle larga vida. Encontramos ya la contradicción del régimen estalinista enfrentado con su filosofía oficial. O bien este régimen ha realizado la sociedad socialista sin clases y el mantenimiento de un potente aparato de represión no se justifica en términos marxistas, o no la ha realizado, con lo que queda probado que la doctrina marxista es errónea y que en particular la socialización de los medios de producción no significa la desaparición de las clases. Frente a su doctrina oficial, el régimen está obligado a elegir: es falsa o la ha traicionado. De hecho, con Necháiev y Tkachev, fue a Lassalle, inventor del socialismo, a quien Lenin hizo triunfar en Rusia, contra Marx. A partir de ese momento, la historia de las luchas internas del partido, desde Lenin hasta Stalin, se resumirá en la lucha entre la democracia obrera y la dictadura militar y burocrática, la justicia, en definitiva, y la eficacia.