El hombre rebelde
El hombre rebelde He aquÃ, pues, un mundo imaginario, pero creado por la corrección de éste, un mundo en que el dolor puede, si quiere, durar hasta la muerte, en que las pasiones no se distraen nunca, en que los seres se entregan a una idea fija y están siempre presentes los unos para con los otros. El hombre se da al fin a sà mismo la forma y el lÃmite apaciguador que persigue en vano en su condición. La novela fabrica destinos a la medida. Asà es como compite con la creación y vence, provisionalmente, a la muerte. Un análisis detallado de las novelas más famosas mostrarÃa, con perspectivas cada vez diferentes, que la esencia de la novela está en esa corrección perpetua, dirigida siempre en el mismo sentido, que el artista efectúa sobre su experiencia. Lejos de ser moral o puramente formal, esta corrección apunta primero a la unidad y traduce, con ello, una necesidad metafÃsica. La novela, a este nivel, es en primer lugar un ejercicio de la inteligencia al servicio de una sensibilidad nostálgica o en rebeldÃa. Se podrÃa estudiar esta búsqueda de la unidad en la novela francesa de análisis, y en Melville, Balzac, Dostoyevski o Tolstói. Pero una breve confrontación entre dos tentativas que se sitúan en los extremos opuestos del mundo novelesco, la creación proustiana y la novela norteamericana de estos últimos años, bastará para nuestra intención.