El hombre rebelde
El hombre rebelde El extravío revolucionario se explica primero por la ignorancia o el desconocimiento sistemático de ese límite que parece inseparable de la naturaleza humana y que descubre, precisamente, la rebeldía. Los pensamientos nihilistas, porque desdeñan esta frontera, acaban arrojándose a un movimiento uniformemente acelerado. Nada los detiene ya en sus consecuencias y éstas justifican entonces la destrucción total o la conquista indefinida. Sabemos ahora, al cabo de esta larga investigación sobre la rebeldía y el nihilismo, que la revolución sin más límites que la eficacia histórica significa la servidumbre sin límites. Para escapar a este destino, el espíritu revolucionario, si quiere permanecer vivo, debe, pues, sumergirse en las fuentes de la rebeldía e inspirarse entonces en el único pensamiento que sea fiel a sus orígenes, el pensamiento de los límites. Si el límite descubierto por la rebeldía lo transfigura todo, si todo pensamiento y toda acción que superan cierto punto se niegan a sí mismos, hay en efecto una medida de las cosas y del hombre. En historia, como en psicología, la rebeldía es un péndulo desajustado que corre a las amplitudes más locas porque busca su ritmo profundo. Pero este desajuste no es completo. Se realiza en torno a un eje. Al mismo tiempo que sugiere una naturaleza común a los hombres, la rebeldía descubre la medida y el límite que se hallan al principio de esta naturaleza.
