El hombre rebelde
El hombre rebelde Históricamente, la primera ofensiva coherente es la de Sade, que reúne en una sola y enorme máquina de guerra los argumentos del pensamiento libertino hasta el cura Meslier y Voltaire. Su negación, ni que decir tiene, es también la más extrema. De la rebeldÃa, Sade no saca más que el no absoluto. Veintisiete años de cárcel no hacen, en efecto, una inteligencia conciliadora. Un encierro tan prolongado engendra lacayos o asesinos, y a veces ambos en un mismo hombre. Si el alma es lo bastante fuerte para edificar, en el corazón del presidio, una moral que no sea la de la sumisión, se tratará, en la mayorÃa de los casos, de una moral de dominación. Toda ética de la soledad supone potencia. Como tal, en la medida en que, tratado de manera atroz por la sociedad, responde de atroz manera, Sade es ejemplar. El escritor, a pesar de algunos gritos acertados, y de las alabanzas precipitadas de nuestros contemporáneos, es secundario. Hoy dÃa es admirado, con tanta ingenuidad, por razones con las que no tiene nada que ver la literatura.
