El malentendido
El malentendido Está bien, sigue soñando. Qué más da, si conservo tu amor. No puedo ser infeliz cuando te siento contra mi piel. Aguardo con paciencia a que te canses de tus fantasías: entonces empiezo a contar yo. Si ahora soy infeliz es porque, sin dudar de tu amor, sé que me vas a echar de tu lado. Por eso resulta tan desgarrador el amor de los hombres. No pueden evitar separarse de lo que aman.
JAN (Le coge la cara y sonríe.)
Es cierto, María. Pero, vamos a ver, mírame, ¿ves algo amenazador en esto? Hago lo que quiero y estoy en paz conmigo mismo. Me confías por una noche a mi madre y a mi hermana, no es tan peligroso.
MARÍA (Desasiéndose.)
Entonces, adiós, y que mi amor te proteja. (Camina hacia la puerta, se detiene en el umbral y le muestra las manos vacías.) Pero, ¿ves?, me quedo sin nada. Tú te vas a descubrir Dios sabe qué y yo me quedo esperando.
(Duda un instante. Luego sale.)
JAN se sienta. Entra EL CRIADO ANCIANO. Éste mantiene abierta la puerta para dejar pasar a MARTA y luego sale.
JAN
Hola. Vengo para lo de la habitación.
MARTA
