El malentendido
El malentendido ¡Oh!, Dios mío, ya sabía yo que esta comedia acabaría trágicamente y que él y yo recibiríamos un castigo por prestarnos a ella. Se cernía la desgracia en el cielo. (Se detiene ante la mesa y habla sin mirar a MARTA.) Él quería que le reconocieran ustedes, regresar a su casa, traerles la felicidad, pero no sabía cómo decirlo. Y mientras buscaba las palabras, lo matan. (Se echa a llorar.) Y ustedes, como dos perturbadas, ciegas ante ese hijo maravilloso que regresaba… porque era maravilloso, ¡si supiera usted qué corazón noble, qué alma exigente acaba de matar! Podía haber sido su orgullo, como lo era el mío. ¡Pero no!, era usted su enemiga, es usted su enemiga, ¡usted que puede hablar fríamente de algo que debería arrojarla a la calle y arrancarle gritos de fiera salvaje!
MARTA
No juzgue tan pronto, porque no lo sabe usted todo. En este momento, mi madre se ha reunido con su hijo. El agua empieza a devorarlos. No tardarán en descubrirlos y descansarán en la misma tierra. Pero tampoco veo que eso tenga que arrancarme gritos. Mi idea del corazón humano es distinta y, para serle sincera, me repugnan sus lágrimas.
MARÍA (Volviéndose hacia ella con odio.)