El mito de Sisifo
El mito de Sisifo El actor reina en lo perecedero. Entre todas las glorias, la suya es, como se sabe, la más efÃmera. Asà se dice, por lo menos, en la conversación. Pero todas las glorias son efÃmeras. Desde el punto de vista de Sirio, las obras de Goethe se habrán convertido en polvo y su nombre se habrá olvidado dentro de diez mil años. Algunos arqueólogos buscarán, quizá, testimonios de nuestra época. Esta idea ha sido siempre docente. Bien meditada, reduce nuestras agitaciones a la nobleza profunda que se encuentra en la indiferencia. Sobre todo, dirige nuestras preocupaciones hacia lo más seguro, es decir, hacia lo inmediato. De todas las glorias, la menos engañosa es la que se vive.
El actor ha elegido, por lo tanto, la gloria innumerable, la que se consagra y se experimenta. Él es quien saca la mejor conclusión del hecho de que todo debe morir un dÃa. Un actor triunfa o no triunfa. Un escritor conserva una esperanza aunque sea desconocido. Supone que sus obras atestiguarán lo que fue. El actor nos dejará todo lo más una fotografÃa, y nada de lo que era él, sus gestos y sus silencios, su corto resuello o su respiración amorosa, llegará hasta nosotros. Para él no ser conocido es no representar, y no representar es morir cien veces con todos los seres que habrÃa animado o resucitado.