El mito de Sisifo

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Hay todavía un poco de humorismo en esta posición. Este suicida se mata porque se le ha vejado en el plano metafísico. En cierto sentido, se venga. Es la manera que tiene de demostrar que “no podrán con él”. Se sabe, sin embargo, que el mismo tema se encarna, pero con la amplitud más admirable, en Kirilov, personaje de Los poseídos partidario también del suicidio lógico. El ingeniero Kirilov declara en alguna parte que quiere quitarse la vida porque ésa “es su idea” . Se comprende bien que hay que tomar la palabra en su sentido propio. El se dispone a morir por una idea, por un pensamiento. Es el suicidio superior. Progresivamente, a lo largo de escenas en que la máscara de Kirilov se va aclarando poco a poco, se nos revela el pensamiento mortal que lo anima. En efecto, el ingeniero repite los razonamientos del Diario. Siente que Dios es necesario y tiene que existir, pero sabe que no existe y que no puede existir. “¿Cómo no comprendes —exclama— que ésa es una razón suficiente para matarse?” Esta actitud trae aparejadas igualmente en él algunas de las consecuencias absurdas. Acepta por indiferencia que se utilice su suicidio en provecho de una causa a la que desprecia. “He decidido esta noche que eso no me importa.” Prepara, finalmente, su gesto con un sentimiento en el que se mezclan la rebelión y la libertad. “Me mataré para afirmar mi insubordinación, mi nueva y terrible libertad.” No se trata ya de venganza, sino de rebelión. Kirilov es, por lo tanto, un personaje absurdo, con esta reserva esencial, sin embargo: que se mata. Pero él mismo explica esa contradicción, y de tal modo que revela al mismo tiempo el secreto absurdo en toda su pureza. Agrega, en efecto, a su lógica mortal una ambición extraordinaria que da al personaje toda su perspectiva: quiere matarse para hacerse dios.


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