El primer hombre
El primer hombre {113} Ahora era un adulto… En el camino de Bône a Mondovi, el coche en que viajaba J. Cormery se cruzaba con jeeps que circulaban lentamente, erizados de fusiles…
—¿El señor Veillard?
—SÃ.
Enmarcado por la puerta de su pequeña finca, el hombre que miraba a Jacques Cormery era bajo y rechoncho, con los hombros redondos. Su mano izquierda mantenÃa la puerta abierta, la derecha apretaba fuertemente el marco de modo que al tiempo que abrÃa la entrada a su casa, la cerraba. TendrÃa unos cuarenta años, a juzgar por su pelo ralo y gris que le hacÃa una cabeza romana. Pero la piel atezada de su rostro regular de ojos claros, el cuerpo un poco espeso pero sin grasa ni vientre en el pantalón caqui, sus alpargatas y su camisa azul con bolsillos, le daban un aspecto mucho más joven. Escuchaba, inmóvil, las explicaciones de Jacques. Después:
—Entre —dijo, y se hizo a un lado.
Mientras Jacques avanzaba por el pequeño pasillo de paredes blanqueadas, amueblado solamente con un cofre marrón y un paragüero de madera torneada, oyó reÃr al colono.
—¡En una palabra, una peregrinación! Bueno, francamente es el momento.
—¿Por qué? —preguntó Jacques.
