El primer hombre
El primer hombre El avión bajaba hacia Argel. Jacques pensaba en el pequeño cementerio de Saint-Brieuc, donde las tumbas de los soldados estaban mejor conservadas que las de Mondovi.(122) El Mediterráneo separaba en mí dos universos, el de los espacios mesurados, donde se conservaban los recuerdos y los nombres, y el de los vastos espacios, donde el viento de arena borraba las huellas de los hombres. Había tratado de escapar al anonimato, a la vida pobre, ignorante, obstinada, incapaz de vivir al nivel de esa paciencia ciega, sin frases, sin otro proyecto que lo inmediato. Había andado por el mundo, edificando, creando, quemando otros seres, sus días habían estado llenos hasta rebosar. Y, sin embargo, ahora sabía en el fondo de su alma que Saint-Brieuc y lo que representaba nunca había sido nada para él, y pensaba en las tumbas desgastadas y verdosas que acababa de abandonar, aceptando con una especie de extraña alegría que la muerte lo devolviera a su verdadera patria y cubriese a su vez con su vasto olvido el recuerdo del hombre monstruoso y [trivial] que había crecido y se había formado sin ayuda y sin auxilio, en la pobreza, en una orilla feliz y bajo la luz de las primeras mañanas del mundo, para abordar después, solo, sin memoria y sin fe, el mundo de los hombres de su tiempo, y su espantosa y exaltante historia.