El primer hombre
El primer hombre Sólo los jueves y domingos volvían Jacques y Pierre a su universo (salvo ciertos jueves en que Jacques estaba castigado y —como lo indicaba un billete del jefe de bedeles que Jacques hacía firmar a su madre después de resumírselo con la palabra «castigo»— debía pasar dos horas, de ocho a diez, y a veces, en los casos graves, cuatro, en el liceo, cumpliendo en una sala especial, en medio de otros culpables, bajo la vigilancia de un pasante, en general furioso porque tenía que movilizarse ese día, un castigo particularmente estéril.{146} En ocho años de liceo, Pierre nunca había sido castigado sin salir. Pero Jacques, demasiado inquieto, demasiado vanidoso también, haciéndose el imbécil por el gusto de lucirse, coleccionaba esos castigos. Infructuosamente explicaba a su abuela que no tenían que ver con su comportamiento; ella era incapaz de distinguir entre la estupidez y la mala conducta. Para la abuela un buen alumno era forzosamente virtuoso y juicioso; de la misma manera, la virtud llevaba directamente a la ciencia. De modo que a los castigos del jueves se sumaban, los primeros años por lo menos, las correcciones del miércoles).
