El primer hombre
El primer hombre A los cuarenta años, después de pedir durante toda su vida la carne muy jugosa en los restaurantes, se dio cuenta de que en realidad le gustaba cocida y nada jugosa.
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Liberarse de toda preocupación por el arte y por la forma. Recuperar el contacto directo, sin intermediario, la inocencia en fin. Olvidar aquí el arte, es olvidarse. Renunciar a uno mismo no por virtud. Al contrario, aceptar el propio infierno. El que quiere ser mejor se prefiere, el que quiere gozar se prefiere. Sólo el que renuncia a lo que es, a su yo, acepta lo que venga, junto con sus consecuencias. Ese está en contacto directo.
Recuperar la grandeza de los griegos o de los grandes rusos mediante ese renunciamiento de 2.° grado. No temer. No temer nada… ¡Pero quién vendrá en mi auxilio!
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Aquella tarde, en la carretera de Grasse a Cannes, cuando, en un estado de exaltación increíble, descubre de pronto, y después de una relación de años, que ama a Jessica, que por fin ama, y el resto del mundo se vuelve como una sombra comparado con ella.
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Yo no estaba en nada de lo que dije ni escribí. No fui yo el que se casó, ni yo el que fue padre, el que… etc.