El primer hombre
El primer hombre {206} Mañana seiscientos millones de amarillos, miles de millones de amarillos, negros, morenos, desembocarían en tropel en Europa… y en el mejor de los casos [la convertirían]. Y todo lo que les enseñaron, a él y a los que se le parecían, todo lo que habían aprendido, desde entonces, los hombres de su raza, todos los valores por los cuales había vivido, morirían de inutilidad. ¿Qué es lo que seguiría valiendo?… El silencio de su madre. Deponía sus armas delante de ella.
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M. tiene diecinueve años. El tenía entonces treinta, y eran desconocidos el uno para el otro. El comprende que no se puede remontar el tiempo, impedir que el ser amado haya sido, y hecho y experimentado, no se posee nada de lo que se elige. Pues habría que escoger con el primer grito del nacimiento, y nacemos separados — salvo de la madre. Sólo se posee lo necesario y es preciso volver a él (ver nota precedente) y someterse. ¡Pero qué nostalgia y qué pesar!
Hay que renunciar. No, aprender a amar lo impuro.
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Para terminar, pide perdón a su madre — ¿Por qué?, has sido un buen hijo — Pero en cuanto lo demás, ella no puede adivinar ni imaginar siquiera [ ][207] que es la única que puede perdonarlo (?).
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