El verano
El verano Pasamos las columnas de Hércules, la punta donde murió Anteo. Más allá, el océano está por todas partes, doblamos de una sola bordada Hornos y Buena Esperanza, los meridianos se casan con las latitudes, el Pacífico se bebe el Atlántico. Con la proa en dirección a Vancouver, nos adentramos lentamente en los Mares del Sur. A algunos cables de distancia, Pascua, Desolación y las Hébridas desfilan en convoy ante nosotros. Una mañana, de repente, desaparecen las gaviotas. Estamos lejos de cualquier tierra, y solos con nuestras velas y nuestras máquinas.
Solos también con el horizonte. Las olas vienen del este invisible, una a una, pacientemente; llegan hasta nosotros y, pacientemente, se van hacia el desconocido oeste, una a una. Larga travesía, jamás iniciada, jamás terminada… El afluente y el río pasan, el mar pasa y permanece. Así habría que amar, fiel y fugitivo. Me caso con el mar.