El verano
El verano El hombre de hoy es, en efecto, el que sufre en prodigiosas masas sobre la estrecha superficie de la tierra, el hombre privado de fuego y de alimento para quien la libertad no es más que un lujo que puede esperar; y para este hombre no se trata de sufrir todavÃa un poco más, como no puede tratarse, en el caso de la libertad y sus últimos testimonios, de que desaparezca todavÃa un poco más. Prometeo es ese héroe que amó tanto a los hombres, que les dio al mismo tiempo el fuego y la libertad, las técnicas y las artes. Hoy, la humanidad no necesita más que las técnicas y sólo se preocupa por ellas. Se rebela en sus máquinas y considera el arte y lo que supone como un obstáculo y un signo de servidumbre. Por el contrario, lo que caracteriza a Prometeo es que no puede separar la máquina del arte. Piensa que se pueden liberar al mismo tiempo los cuerpos y las almas. El hombre actual cree que primero hay que liberar el cuerpo, aun cuando deba morir provisionalmente el espÃritu. Pero ¿puede morir provisionalmente el espÃritu? En realidad, si Prometeo volviera, los hombres de hoy harÃan como los dioses de entonces: lo encadenarÃan a la roca, incluso en nombre de ese humanismo del que es su primer sÃmbolo. Las voces enemigas que en este caso insultarÃan al vencido serÃan las mismas que suenan en el umbral de la tragedia de Esquilo: las de la Fuerza y la Violencia.