Escritos libertarios
Escritos libertarios 5.º Me equivoqué también al hablar por otros, al parecer. Por desgracia, son los mismos que, ayer, me reprochaban mi soledad y que hoy no quieren que escriba «nosotros». No obstante, continuaré diciendo «nosotros» y usted sabe bien por qué, mi querido Samson. Porque hay actualmente en Europa una comunidad de hombres que, sin conceder nada a la ideología burguesa, quieren conservar para el futuro un sentido que no esté degradado. Entre los dos pensamientos provincianos, mezquinos y enfurruñados, que se enfrentan hoy y oponen con una obstinación triste su libertad sin contenido y su justicia sin verdad, esta comunidad intenta formular, y conseguir cada vez más, una esperanza que sea digna de Europa. Esta esperanza está justificada, a mi modo de ver, y empezamos a salir de la esclerosis en la que nos ha sumido la doble decadencia de la sociedad burguesa y de la sociedad revolucionaria. Sin embargo, ni siquiera es de esta comunidad, aunque pensara en ella, de la que he hablado; sino solamente de aquellos de mis amigos más cercanos cuya determinación conozco y que creen que no es necesario generalizar la servidumbre para llegar a la justicia. Ellos lo creen, lo dicen e intentarán ser fieles a esta fe que comparto con ellos. Si no somos fieles, al menos trataremos de perdonarnos a nosotros mismos. Pero no podríamos perdonarnos por ceder hoy, en previsión de posibles debilidades, a la única debilidad imposible para intelectuales responsables: no luchar, sin restricciones, contra el abuso de las palabras y del poder.