Escritos libertarios

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Es exacto que, en Siétamo, los hombres encontrados en los sótanos de las casas incendiadas, y varias veces tomadas y retomadas, fueron ejecutados por milicianos españoles. También en esto Simone Weil describe lo que le dijeron los miembros del grupo internacional. Lo que no se reproduce son otros testimonios sobre ciertos rasgos de carácter de los milicianos españoles o extranjeros: la guarnición —compuesta por soldados, guardias civiles y falangistas— que defendía el pueblo solo poseía un punto de agua, una fuente pública expuesta a las balas de los hombres del grupo internacional. El mando franquista enviaba pues a las mujeres a buscar agua, apostando por el espíritu caballeroso de los milicianos, los cuales, efectivamente, se negaban a disparar contra las campesinas. En estos mismos combates, durante los cuales el grupo internacional perdió las tres cuartas partes de sus efectivos, se lanzaron llamamientos a los soldados para que se unieran a la República. Varias decenas de reclutas se pasaron a las filas confederales. Todos pudieron elegir entre trabajar en la retaguardia y enrolarse en las milicias, y la mayoría optó por las filas del grupo internacional. Es cierto que hubo, en las centurias, algunos exaltados que quisieron mandar a los tránsfugas al paredón para vengar a sus propios asesinados. Pero los delegados del grupo internacional amenazaron a su vez con fusilar a los que hablaran de ejecución, y todo quedó ahí. El mismo fenómeno se produjo en otros lugares, en especial durante los combates de Farlete y en los contrafuertes de la sierra de Alcubierre.


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