Escritos libertarios
Escritos libertarios Hasta entonces, nunca hubiera pensado que el señor Robert Kanters —lo lamento, pero es el autor de esta basura— era hasta ese punto, y con la amargura que eso implica, la personalización misma del asno sabio. Porque, como mucho, a veces podemos sentirnos un poco molestos por el exceso de habilidad periodÃstica que roza la presunción de la que hace gala, semanalmente, desde que Le Figaro Littéraire, esa vieja editorial hoy por desgracia bastante americanizada, le confió su crónica de libros, como no deja de molestarnos también, e incluso un poco más, la ausencia de malestar con la que (cuando no se es un Mauriac, hay cosas de las que serÃa mejor abstenerse) coloca igualmente su original en la hoja que se guisa del otro lado de la avenida de los Campos ElÃseos. Pero bah, nos decÃamos, son —exceso de virtuosismo y ubicuidad redaccional— las costumbres de la época.
Por desgracia, tenemos que desilusionar y reconocer que, en ese oficio tan hermoso que podrÃa ser la crÃtica, el señor Robert Kanters acaba de demostrar —y esto justo en ese bonito tiempo de OAS [Organisation de l’Armée Secrète] y del trágico desgarramiento del propio paÃs del gran fallecido que pretende juzgar— todas las dotes de incomprensión, peor, de mala fe intelectual, que demasiado a menudo han deshonrado a nuestra profesión.