Escritos libertarios
Escritos libertarios Una vez creado este ambiente, se trataba en suma de plantear a nuestro invitado unas preguntas relativas a la relación necesaria entre el escritor y el trabajador del libro. Lazarévitch nos propuso un esquema basado en los hechos para utilizar como hilo conductor de nuestra entrevista: 1) vivimos un periodo en el que muchos obstáculos se oponen a la difusión del pensamiento; 2) sin embargo, la ciencia y la técnica solo avanzan gracias a la imprenta; 3) la radio es capaz de zarandear todos los conformismos; por ejemplo, haciendo el milagro de permitirnos escuchar a Camus leyendo Calígula y provocar así ecos inesperados entre los jóvenes oyentes. A menudo es evidente que la gente está cansada de eslóganes y de periodos redundantes que tienen la misión de adormecer el sentido crítico de las masas. Si, por ejemplo, la Literaturnaya Gazeta, hablando de Camus y aludiendo a El hombre rebelde, lo llama «el pequeño Cristo», es, evidentemente, con el objetivo de ridiculizar al autor y desaconsejar la lectura de su libro. Pero nada nos dice que, en alguna parte, en Vorkutá o en otro lugar, un lector curioso no haya querido saber.
Con la simplicidad que lo caracteriza, Albert Camus nos habla de lo que siente; es cierto que existe una separación demasiado evidente entre los intelectuales y los trabajadores; es más lamentable en lo referente a los trabajadores del libro. Intentemos colmar esta laguna.