Escritos libertarios
Escritos libertarios El presidente da la palabra al acusado, que, con mucho gusto, se reconoce el autor del delito. No parece que la «majestad del lugar» haya alterado la serenidad de nuestro amigo.
Después, se llama a los testigos. ¡De la multitud de amigos que lo rodean, se levanta una silueta alta y delgada! Albert Camus llega al estrado. Un soplo de aire fresco rodea a los gatos enfundados en pieles confinados en su certeza.
Conocí a Laisant [dice Camus] en un mitin en el que reclamábamos juntos la liberación de hombres condenados a muerte en un país vecino. Después lo he vuelto a ver algunas veces y he podido admirar su voluntad de luchar contra el azote que amenaza al género humano. Me parece imposible que se pueda condenar a un hombre cuya acción se identifica de forma tan completa con el interés de todos los demás hombres. Son demasiado raros los que se levantan contra un peligro cada día más terrible para la humanidad.
El escritor simplemente vuelve a su lugar entre el público amigo, compuesto por militantes obreros que se apresuran a rodearlo afectuosamente.