La peste
La peste AsÃ, todo pasaba con el máximo de rapidez y el mÃnimo de peligro. Y, sin duda, por lo menos al principio, es evidente que el sentimiento natural de las familias quedaba lastimado. Pero, en tiempo de peste, esas son consideraciones que no es posible tener en cuenta: se habÃa sacrificado todo a la eficacia. Por lo demás, si la moral de la población habÃa sufrido al principio por estas prácticas, pues el deseo de ser enterrado decentemente está más extendido de lo que se cree, poco después, por suerte, el problema del abastecimiento empezó a hacerse difÃcil y el interés de los habitantes derivó hacia las preocupaciones inmediatas. Absorbidas por la necesidad de hacer colas, de efectuar gestiones y llenar formalidades si querÃan comer, las gentes ya no tuvieron tiempo de pensar en la forma en que morÃan los otros a su alrededor ni en la que morirÃan ellos un dÃa. AsÃ, esas dificultades materiales que parecÃan un mal se convirtieron en una ventaja. Y todo hubiera ido bien si la epidemia no se hubiera extendido como ya hemos visto.