Los justos
Los justos SKOURATOV. —¿El odio? Otra idea. Lo que no es una idea es el crimen. Y sus consecuencias, naturalmente. Quiero decir, el arrepentimiento y el castigo. Ahà estamos en la realidad. Por eso me hice policÃa. Para estar en el centro de las cosas. Pero a usted no le gustan las confidencias. (Una pausa, se acerca lentamente a él). Todo lo que querÃa decirle es esto, no deberÃa usted fingir que ha olvidado la cabeza del gran duque. Si la tuviera en cuenta, la idea ya no le servirÃa de nada. Se sentirÃa avergonzado, por ejemplo, en lugar de enorgullecerse de lo que ha hecho. Y a partir del momento en que sienta vergüenza, deseará usted vivir para reparar. Lo más importante es que usted se decida a vivir.
KALIAYEV. —¿Y si me decidiera?
SKOURATOV. —ObtendrÃa la gracia para usted y para sus camaradas.
KALIAYEV. —¿Los ha detenido?
SKOURATOV. —No. Precisamente. Pero si se decide usted a vivir, los detendremos.
KALIAYEV. —¿He comprendido bien?