Los justos
Los justos STEPAN. —¿Yanek?
ANNENKOV. —Kaliayev. Le llamamos también el Poeta.
STEPAN. —No es un nombre para un terrorista.
ANNENKOV. —(riendo). Yanek piensa lo contrario. Dice que la poesÃa es revolucionaria.
STEPAN. —Sólo la bomba es revolucionaria. (Silencio). Dora, ¿crees que sabré ayudarte?
DORA. —SÃ. Lo único que hay que cuidar es de que no se rompa el tubo.
STEPAN. —¿Y si se rompe?
DORA. —Asà murió Schweitzer. (Una pausa). ¿Por qué sonrÃes, Stepan?
STEPAN. —¿SonrÃo?
DORA. —SÃ.
STEPAN. —Me sucede a veces. (Una pausa. Stepan parece reflexionar). Dora, ¿bastarÃa una sola bomba para hacer saltar esta casa?
DORA. —Una sola no. Pero harÃa estragos.
STEPAN. —¿Cuántas se necesitarÃan para hacer saltar Moscú?
ANNENKOV. —¡Estás loco! ¿Qué quieres decir?
STEPAN. —Nada.
(Llaman una vez. Todos escuchan y aguardan. Llaman dos veces. Annenkov pasa a la antesala y vuelve con Voinov).
