Juvenilia

Juvenilia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XXXIII

Pero los dieciocho años se acercaban. Los días de salida hacíamos esfuerzos inauditos para arreglarnos lo mejor posible, abandonando muchas veces la empresa con desaliento, vencidos por la exigüidad del guardarropa. ¡Qué amarguras, qué sufrimientos, aquellos domingos a la noche, cuando al volver al Colegio, pasábamos frente a los teatros y veíamos en el peristilo una multitud de jóvenes, algunos conocidos nuestros, los externos felices, bien vestidos, con sus guantes flamantes, y saludando con una gracia, para nosotros insuperable, a las bellas damas que venían al espectáculo!

En cuanto a mí, recordaba bien que de los ocho a los doce años no había faltado casi una noche a la Ópera; mi padre me llevaba siempre consigo. Era, pues, un dilettante de raza y tradición. Tamberlick me había acariciado y la incomparable Madama Lagrange, aquella artista con un corazón a lo Malibran, se había entretenido en hacerme charlar durante los entreactos en su camarín, adonde solía llevarme mi hermano Jacinto. Y hoy, que era hombre, que podía apreciar todas aquellas bellezas que habían encantado a mi padre y que flotaban en mi memoria como una nube, tenía que volverme triste y solo al Colegio, dando la espalda al mundo de la luz.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker