Juvenilia

Juvenilia

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Como en Cané, el sujeto autobiográfico construye su identidad política y familiar el día mismo en que ocurre un acontecimiento histórico fundamental de la nación anterior al Estado, en 1861. El narrador cuenta cómo participó personalmente, gracias a su tía política Medea, de la noticia primero, y después de los festejos, de la derrota o la victoria de Pavón (1861). En el lugar mismo de la noticia oficial de la victoria, en la tienda patriótica de Bringas, la tía lo nombra (y el cronista se nombra por primera vez), y también declara la identidad política de su padre. La tía Medea dice: «se llama Julio Rolaz, y es hijo de un pobre empleado urquicista muerto, hermano de mi marido». El día de la victoria de Pavón define su identidad doble y desgarrada: hijo de un urquicista, de un perdedor, que vive en una casa mitrista, triunfadora. Es, como el negro Alejandro, el cochero, un enemigo político en la casa de su tía política Medea. En La gran aldea el narrador es un testigo desgarrado entre dos épocas y dos lealtades; un cronista dividido en su interior, como la nación misma: su nombre es Julio. Ocupa el lugar de la nación anterior e interior: sola, huérfana, pobre, desgarrada entre dos lealtades y también entre dos épocas. El sujeto autobiográfico de Juvenilia, el representante del Estado cansado, o triste y solo, ocupa, en sus travesuras del recuerdo, el lugar de héroe nacional porteño.

DOS SUJETOS Y DOS FÁBULAS


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