Juvenilia
Juvenilia A más de las escapadas nocturnas, habÃa las escenas furtivas y algunas calaveradas soberbias de los grandes que nos llenaban de admiración.
El doctor Agüero estaba ya muy viejo; bueno y cariñoso, vivÃa en un optimismo singular respecto de los estudiantes, ángeles calumniados siempre, según su opinión.
Recuerdo un carnaval en que hicimos atrocidades en el atrio; los chicos, con las manos llenas de carmÃn, azul molido y harina, asaltábamos de improviso a los paseantes, les llenábamos los ojos y el rostro con la mezcla, y cuando aquellos hombres enfurecidos se nos venÃan encima, nos ponÃamos a cubierto, por medio de una ágil retirada, detrás del sólido baluarte de los puños de Eyzaguirre, Pastor, Julio LandÃvar, Dudgeon, el tranquilo Marcelo Paz, que sólo levantaba el brazo cuando veÃa pegar a un débil, etc. El pugilato comenzaba, guardándose estrictamente las reglas de caballerÃa; pero el asaltante, olvidado del noble ejercicio, no llevaba la mejor parte.
