Juvenilia
Juvenilia De ahí había nacido el eclecticismo ilustrado por Coussin, sistema cuya vaguedad misma, cuya falta de doctrina fundamental, respondía maravillosamente a las vacilaciones intelectuales de la época. Jouffroy había abierto un surco profundo con sus estudios sobre el destino humano, algunas de cuyas páginas están impregnadas de un sentimiento de desesperanza, de una desolación más profunda, alta y sincera que las paradojas de Schopenhauer o los sistemas fríamente construidos de Hartmann. Maine de Biran dejaba aquellas observaciones sobre nuestra naturaleza moral, que admirarán siempre, como los grandes caracteres de Shakespeare; Villemain hacía cuadros inimitables de estilo y erudición; Guizot enseñaba la historia, que Thiers escribía; la pléyade hacía versos, dramas y novelas; Delacroix, Scheffer y Geróme, pintura; Clésinger y Pradier, estatuaria; Lamartine, Berryier, Thiers, etcétera, discursos; Rossini, Meyerbeer, Halévy, música, y Arago, Ampere, Gay-Lussac, C. Bernard, Chevreul daban a la ciencia vida, movimiento y alas. Amedée Jacques había crecido bajo esa atmósfera intelectual y la curiosidad de su espíritu le llevaba al enciclopedismo. A los treinta y cinco años era profesor de filosofía en la Escuela Normal y había escrito, bajo el molde ecléctico, la psicología más admirable que se haya publicado en Europa. El estilo es claro, vigoroso, de una marcha viva y elegante; el pensamiento sereno, la lógica inflexible y el método perfecto. Hay en ese manual que corre en todas las manos de los estudiantes, páginas de una belleza literaria de primer orden, y aún hoy, quince años después de haberlo leído, recuerdo con emoción los capítulos sobre el método y la asociación de ideas.