Juvenilia
Juvenilia La cabeza era soberbia: grande, blanca, luminosa, de rasgos acentuados. La calvicie le tomaba casi todo el cráneo, que se unÃa en una curva severa y perfecta, con la frente ancha y espaciosa, surcada de arrugas profundas y descansando, como sobre dos arcadas poderosas, en las cejas tupidas que sombreaban los ojos hundidos y claros, de mirar un tanto duro y de una intensidad insostenible; la nariz casi recta, pero ligeramente abultada en la extremidad, era de aquel corte enérgico que denota inconmovible fuerza de voluntad.
En la boca, de labios correctos, habÃa algo de sensualismo; no usaba más que una ligera patilla que se unÃa bajo la barba, acentuada y fuerte, como las que se ven en aquellas viejas medallas romanas.