Apócrifos
Apócrifos Aquel dÃa cenaba Pilatos con su ayudante, el joven teniente Suza, natural de Cirenaica. Suza ni siquiera advirtió que su gobernador estaba silencioso, y contaba entusiasmado que por primera vez en su vida habÃa vivido un terremoto.
—Qué cosa tan graciosa —sonrió mientras comÃa—. Cuando oscureció, después del almuerzo, salà afuera para ver qué ocurrÃa. En la escalera me pareció que me resbalaban los pies de pronto, sin más ni más... En fin, era cosa de risa. Por mi alma, excelencia, que ni me pasó por la mente que una cosa asà pudiera ser un terremoto. Y antes de llegar a la esquina vi que un hombre venÃa corriendo hacia mÃ, con los ojos fuera de las órbitas y gritando:
«¡Las tumbas se abren y se resquebrajan las rocas!» Caramba, me dije, ¿será un terremoto? Hombre, murmuré, vaya suerte que tienes. ¡Esto es un fenómeno de la naturaleza poco frecuente! ¿No es verdad?
—Una vez vi un terremoto... —dijo Pilatos—. Fue en Cilicia. Espera... hará de esto unos diecisiete años más o menos. Aquella vez fue mucho mayor que éste.
