Apócrifos
Apócrifos Los académicos de Beocia invitaron a Agatón, filósofo de Atenas, para que pronunciase una conferencia sobre filosofía. Aunque Agatón no era un orador destacado, aceptó sin embargo la invitación para contribuir, en la medida de sus fuerzas, a la propagación de la filosofía que, según la historia, “parecía decaer”. En el día fijado llegó Agatón a Beocia, pero, por ser todavía demasiado temprano, se paseaba alrededor de la ciudad a la hora del crepúsculo, y se complacía en observar a las golondrinas que se guarecían bajo los tejados.
Al sonar las ocho se dirigió a la sala de conferencias, mas la encontró casi vacía; solamente cinco o seis personas estaban sentadas en los bancos. Agatón subió a la cátedra y decidió esperar un poco más, por ver si se reunía mayor número de oyentes. Mientras tanto, desató el legajo que contenía su disertación y se enfrascó en su lectura.
