Apócrifos
Apócrifos En realidad, esa historia de Arquímedes no fue exactamente como la cuentan. Desde luego, es cierto que lo mataron los romanos cuando entraron en Siracusa, pero no es verdad que entró en su casa un soldado romano para saquear, y que Arquímedes, embebido en sus dibujos geométricos, le gritó enfadado: ¡No deshagas mis círculos! Primero, Arquímedes no era un profesor distraído, que no sabe lo que ocurre a su alrededor. Por el contrario, era por naturaleza un verdadero soldado e inventó para Siracusa máquinas de guerra que se usaron en la defensa de la ciudad; segundo, aquel soldado romano no era ningún ladrón embriagado, sino un culto y ambicioso capitán de Estado Mayor llamado Lucius, que sabía con quién tenía el honor de hablar y no había entrado para saquear, sino que ya en la mismo puerta saludó militarmente diciendo: -—Salud, Arquímedes!
Arquímedes levantó la vista de las tablillas recubiertas de cera sobre las que estaba dibujando y dijo: -—Qué ocurre?
—Arquímedes —explicó Lucius—, sabemos muy bien que sin tus máquinas de guerra Siracusa no hubiera resistido ni siquiera un mes. Así hemos tenido que hacer durante dos años. No creas, nosotros los soldados, sabemos apreciar eso. Magníficas máquinas. Te felicito.
Arquímedes hizo un gesto con la mano:
