La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Alemania está construyendo un nuevo tipo de submarino —dijo Andy preocupado—. Los rayos de la muerte pueden convertir una fortaleza en un desierto.
—¿Eso lo has leÃdo en el periódico también? —preguntó Sir Charles.
—SÃ, señor. ¿Ganará el Derby Pelham-Beauty o Gobernador?
—¿Qué te parece a ti, Andy?
—Gobernador, señor. Pero el señor Gregs cree que ganará Pelham-Beauty. —Andy movió su cabezota.
—Compre usted mercancÃa inglesa, señor. Los tirantes Snider, ¡los mejores! ¿Ha comprado usted ya un nuevo seis cilindros Tancred Júnior? ¡Rápido, económico, elegante!
—Gracias, Andy. Eso basta.
—¿Qué artistas cinematográficos son sus preferidos?
Al profesor Petrov se le erizaron los cabellos y el bigote.
—Perdone, Sir Charles —balbuceó— pero debo marcharme ya.
—Está bien, vamos. Andy, ¿te sabrÃa mal que vinieran a visitarte unos cuantos hombres de ciencia? Creo que les interesarÃa hablar contigo.
—Tendré mucho gusto, señor —medio graznó la salamandra—. ¡Hasta la vista, Sir Charles! ¡Hasta la vista, profesor!