La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras G. H. Bondy: «Señores, tenemos que abandonar la idea de que, en el futuro, podamos mantener el monopolio de las salamandras. Por desgracia, según las leyes en vigor, no podemos patentarlas». (Risas). «Nuestra posición privilegiada en este comercio de las salamandras, debemos y podemos asegurarla de otra forma. Desde luego, una condición necesaria para ello es que nuestro negocio continúe con otro estilo y con una amplitud mucho mayor que hasta ahora». (¡Oigan!). «Aquí tengo, señores, todo un libro de acuerdos preliminares. El Consejo de Administración propone que sea creado un nuevo trust vertical, bajo el título de “Sindicato de las Salamandras”. Serían miembros del Sindicato de las Salamandras, además de los componentes de nuestra Sociedad, determinadas grandes empresas y fuertes grupos financieros. Por ejemplo: una determinada empresa produciría utensilios de acero, patentados, para las salamandras. (¿Quiere usted decir la M. E. A. T?). Sí, señor, me refería a la M. E. A. T. Además determinada fábrica de productos químicos y alimenticios produciría alimentación patentada, muy barata, para las salamandras. Una sociedad de transporte hará patentar —haciendo uso de las experiencias adquiridas hasta la fecha— un tanque especialmente higiénico para el transporte de las salamandras; un trust de compañías de Seguros tomará a su cargo asegurar los animales comprados contra riesgos de heridas y muerte durante la duración del transporte hasta el lugar de trabajo. Además, están también interesadas en esta gran empresa destacadas industrias de exportación y hacienda que, por razones especiales, no nombraré ahora. Quizá sea suficiente si les digo, señores, que este Sindicato dispondría, para empezar, de cuatrocientos millones de libras esterlinas». (Emoción). «Este legajo, señores, está compuesto de contratos que bastaría sólo firmar para que surgiese una de las mayores organizaciones económicas de nuestra época. El Consejo de Administración les pide, señores, que le concedan plenos poderes para fundar esta enorme empresa, cuya tarea será la reproducción racional y la explotación de las salamandras». (Aplausos y voces de protesta).