La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras PodrÃamos decir que la historia se producÃa al por mayor y, por ello, el tiempo histórico se multiplicaba rápidamente (según cálculos, cinco veces más). Hoy no podemos esperar cientos de años para que en el mundo ocurra algo bueno o malo. Por ejemplo: el traslado de una nación de un lugar a otro, que antes duraba varias generaciones, se podrÃa organizar, con el transporte actual, en unos tres años. De no ser asÃ, no podrÃa sacarse de ello ningún provecho. Lo mismo ocurrió con la liquidación del Imperio Romano, con la colonización de continentes, con el exterminio de indios, etc. Todas estas cosas pueden ser realizadas hoy con extraordinaria rapidez, si se confÃan a empresas con fuerte capital. En este sentido, el inmenso éxito alcanzado por el Sindicato de las Salamandras y su tremenda influencia en la historia del mundo muestran, sin lugar a dudas, el camino hacia el futuro. La historia de las Salamandras se distingue desde un principio por el hecho de que estaban bien y racionalmente organizadas. El primero, pero no el único mérito por ello, corresponde al Sindicato de las Salamandras; mas hay que reconocer que la filantropÃa, la cultura, la prensa y muchas otras, participaron en no poca medida en el extraordinario desarrollo y progreso de las salamandras. También hay que tener en cuenta que fue el Sindicato de las Salamandras el que, dÃa tras dÃa, conquistó para sus protegidas nuevos continentes aun debiendo vencer muchos obstáculos que frenaban dicha expansión[6]. El boletÃn trimestral del Sindicato muestra cómo, gradualmente, son colonizados por las salamandras los puertos de la India y China. Refiere también cómo dicha colonización de salamandras inunda las costas africanas y saltan al continente americano, donde pronto surgen las más modernas obras ejecutadas por aquéllas, en el Golfo de México. Junto a esta amplia ola de colonización se envÃan, también, salamandras como pioneros, vanguardia de la futura exportación. Por ejemplo: a Holanda, que podrÃamos llamar Estado Acuático, le han sido obsequiados por el Sindicato de las Salamandras mil ejemplares de primera calidad. A la ciudad de Marsella, seiscientas salamandras para la limpieza del antiguo puerto, y asà otros casos. Es decir, a diferencia de la colonización humana del mundo, la expansión de las salamandras se verifica planeada y desinteresadamente. Si este trabajo hubiera sido confiado a la naturaleza, se hubieran retrasado los acontecimientos cientos y miles de años. Es innegable que la naturaleza no es, ni ha sido nunca, tan emprendedora ni tan práctica como la producción y el comercio humanos. Parece ser que el aumento de la demanda ha influido también en la fecundidad de las salamandras; la descendencia de la freza de una hembra aumentó hasta ciento cincuenta renacuajos por año. También han sido paralizadas, casi en su totalidad, las habituales pérdidas de salamandras ocasionadas por los tiburones. Las salamandras han recibido pistolas submarinas con balas dum-dum para que se puedan defender contra los peces voraces[7]. La expansión de las salamandras no se realizó en todas partes tan fácilmente. A veces, los cÃrculos conservadores criticaban duramente y se oponÃan a esta nueva fuerza de trabajo, viendo en ella una competencia turbia para el trabajo humano[8]. Otros expresaban su temor a que las salamandras, por alimentarse de pequeños animales marinos, amenazasen la pesca. Algunos aseguraban que con sus pasadizos y caminos minaban las costas y las islas. A decir verdad, hubo mucha gente que advirtió sobre el peligro que significaban las salamandras. Pero siempre ocurre lo mismo; cada novedad y cada progreso tropieza al principio con cierta repulsión y falta de confianza. Asà ocurrió cuando se instalaron máquinas en las fábricas, y volvió a ocurrir con las salamandras. En otros lugares se produjeron desavenencias de diferente carácter[9], pero gracias a la desinteresada ayuda de la prensa mundial, que apreció debidamente no sólo las grandes posibilidades del comercio con las salamandras, sino también las productivas inversiones que a ellas van unidas, se instalaron salamandras en todas partes del mundo y fueron recibidas, en la mayorÃa de los lugares, con vivo interés y hasta con cierto entusiasmo[10].