La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Gracias a estas disertaciones científicas la gente dejó de considerar a las salamandras como algo milagroso. A la sobria luz de la ciencia perdieron mucho de su primer nimbo extraordinario y excepcional. Al ser motivo de experimentos psicológicos demostraron cualidades mediocres y poco interesantes. Sus grandes disposiciones naturales, según lo había demostrado la ciencia, eran una fábula. La ciencia descubrió a la Salamandra Normal, que resultaba un ser aburrido y de inteligencia bastante limitada. Solamente los periódicos publicaban, de vez en cuando, alguna noticia sobre una Salamandra maravillosa que sabía hacer mentalmente multiplicaciones por cinco cifras; pero hasta esto dejó de interesar a los lectores, sobre todo cuando se demostró que, con un entrenamiento adecuado, también puede llegar a hacerlo un ser humano. La gente, sencillamente, empezó a considerar a las salamandras como algo tan natural como las máquinas calculadoras u otros aparatos automáticos. Ya no veían en ellas aquello secreto que surgió un día de quién sabe qué profundidades y Dios sabe por qué. Además, la humanidad no considera misterioso lo que le sirve y beneficia, sino lo que le perjudica o amenaza. Y como, según se demostró, las salamandras eran seres altamente provechosos en varios aspectos, fueron simplemente aceptadas como algo perteneciente al curso racional de los acontecimientos.