La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Paralelamente a estos experimentos, mi asistente, doctor Walter Hinkel, experimentó el valor de las salamandras como materia prima. Comprobó que el cuerpo de las salamandras contiene un porcentaje elevado de yodo y fósforo; no está descartado que estas importantes materias primas pudieran extraerse y aprovecharse, en caso de necesidad, para la industria. La piel de la salamandra que, por sí sola, es de muy mala calidad, se puede moler y prensar a gran presión. La piel artificial así lograda es ligera, bastante resistente, y podría reemplazar al cuero de vacuno en la fabricación de calzado… La grasa de salamandra no se puede usar a causa de su sabor desagradable, pero sirve para usos técnicos porque se congela a temperaturas muy bajas. La carne de la salamandra había sido considerada impropia para el consumo, hasta venenosa. Si se come cruda produce fuertes dolores, vómitos y hasta alucinaciones. El Dr. Hinkel comprobó, después de muchos ensayos que hizo en sí mismo, que estos efectos perjudiciales desaparecen si la carne, cortada en pedazos, es escaldada con agua hirviendo (lo mismo que ocurre con algunas setas), y después de lavarla cuidadosamente, se coloca durante 24 horas en una solución de permanganato. Después se puede guisar o cocer normalmente, y tiene el mismo gusto que la carne de vaca de segunda. Así nos comimos a una salamandra a la que llamábamos Hans. Era un animal culto e inteligente, con especiales disposiciones para el trabajo científico. Trabajaba en el departamento con el Dr. Hinkel, como su ayudante, y se le podían confiar los análisis químicos más delicados. En las largas noches teníamos conversaciones interesantes con él, y nos distraía su insaciable afán de saber. Tuvimos que deshacernos con gran pesar de nuestro Hans, pues a causa de unos experimentos que hice en él sobre trepanación, quedó ciego. Su carne era oscura y esponjosa, pero no produjo en nosotros ninguna reacción desagradable. Es cosa segura que, en caso de guerra, la carne de salamandra sería bien recibida, como un económico sustituto de la carne de vacuno».