La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Sin embargo, con la creciente cultura de las salamandras se sentía cada vez mayor perplejidad al tener que colocarlas bajo la ley llamada «Protectora de Animales». Parecía algo impropio a causa de un motivo no claramente definido. Entonces fue cuando se creó la Liga Internacional Protectora de Salamandras (Salamander Protecting League), bajo el patrocinio de la duquesa de Huddersfield. Esta liga, que contaba con más de doscientos mil socios, principalmente en Inglaterra, hizo un considerable y provechoso trabajo a favor de las salamandras; sobre todo consiguió que se construyesen, a lo largo de las costas, campos de juego especiales para las salamandras, donde éstas pudieran ejecutar, sin ser molestadas por los curiosos espectadores, sus «reuniones y fiestas deportivas», aunque, en realidad, se decía que era para que celebrasen sus secretas «Danzas del Plenilunio». Además logró que en todas las escuelas y centros de enseñanza (hasta en la misma Universidad de Oxford), se influyera en los alumnos para que dejasen de apedrear a las salamandras y para que, hasta cierto punto, se tuviese en cuenta el no recargar de trabajo escolar a los renacuajos. Finalmente obtuvo también que los lugares de trabajo y residencia de las salamandras fuesen rodeados de una especie de empalizada alta, para protegerlas contra posibles molestias y, principalmente, para separar su mundo del de los humanos[16].