La krakatita
La krakatita Anči, blanca muñequita, estaba de pie con la cabeza inclinada y se peinaba el pelo en dos trenzas. Tenía los párpados entornados y susurraba algo; se echó a reír, se avergonzó hasta levantar los hombros. Un tirante de la camisa, atención, se deslizó hombro abajo. Anči reflexionaba y se acariciaba el blanco hombro en una especie de voluptuosidad, temblando de frío. El tirante resbaló, de un modo ya alarmante, y se apagó la luz.
Prokop nunca había visto nada más blanco, nada más bonito y más blanco, que aquella ventana iluminada.