La krakatita

La krakatita

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hacia el mediodía Nanda y ella arrastraron la cesta de la colada al jardín: iban a blanquearla. Prokop, agradecido, cerró el libro; no iba a dejar que se peleara con la pesada regadera. Se apoderó de ella y regó la colada: una tupida lluvia cayó con un tamborileo alegre y entusiasta sobre los manteles plegados y sobre las toallas tendidas, blancas como la nieve, y sobre los brazos abiertos de las camisas masculinas; borboteaba, chorreaba y se vertía en fiordos y lagos. Prokop se apresuró a regar también las blancas campanas de las enaguas y otras prendas interesantes, pero Anči le arrebató la regadera y las blanqueó ella misma. Entretanto Prokop ya se había sentado en la hierba, respiraba con placer el olor de la humedad y observaba las hacendosas y hermosas manos de Anči. «Soi de theoi tosa doien», recordó con devoción. «Sebas m’echei eisooronta. Me he quedado atónito al contemplarte».

Anči se sentó a su lado en la hierba. «¿Por qué se le habrá ocurrido?». Entrecerró los ojos, deslumbrada por el sol y alegre, ruborizada y, quién sabe por qué, tan feliz. Arrancó un puñado de hierba fresca y estuvo a punto de lanzarla al pelo de Prokop por hacer una travesura; pero dios sabe por qué, en aquel momento la volvió a abrumar una especie de respetuoso pudor ante aquel héroe domesticado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker