La krakatita
La krakatita —¿Alguna vez ha querido a alguien? —preguntó sin venir a cuento, y miró hacia otro lado. Prokop se rió.
—Sí. Pero también usted se habrá enamorado de alguien.
—Entonces era aún una tonta —exclamó Anči, sonrojándose contra su voluntad.
—¿Un estudiante?
Anči hizo un gesto afirmativo con la cabeza y mordió una hierbecilla.
—No fue nada importante —dijo a continuación—. ¿Y usted?
—Una vez conocí a una muchacha que tenía las mismas pestañas que usted. Puede que se le pareciera. Vendía guantes o algo así.
—¿Y qué pasó?
—Nada. Cuando fui allí por segunda vez a comprar guantes, ya no estaba.
—¿Y… le gustaba?
—Sí.
— Y… nunca la…
—Nunca. Ahora me fabrica los guantes… el ortopeda.
Anči concentró toda su atención en el suelo.
—¿Por qué siempre esconde las manos cuando está conmigo?