La krakatita
La krakatita —¿Y por qué estaba llorando? —murmuró Prokop.
—Porque habĂa pasado ya tanto tiempo… y no habĂa venido —resonĂł la sorprendente respuesta. Algo se debilitĂł en Prokop, quizás su voluntad.
—Usted… usted me… ¿quiere? —consiguió decir Prokop a duras penas, y se le escapó un gallo, como si fuera un adolescente de catorce años. La cabeza hundida bajo su brazo hizo un gesto afirmativo, enérgico y sin reservas.
—Puede que… tuviera que haber ido a buscarla —susurró Prokop anonadado. La cabeza se sacudió, dando a entender que no.
—AquĂ… me siento mejor —dijo AnÄŤi con un hilo de voz despuĂ©s de un rato—. ¡Esto es tan hermoso!