La krakatita
La krakatita Durante unos instantes la observó sin creer lo que veían sus propios ojos. Después deshizo a una velocidad escalofriante el envoltorio de periódico, esparciendo la exquisitez de los nenúfares por el suelo, y finalmente encontró este anuncio: «¡KRAKATITA! Se ruega al ingeniero P. que indique su dirección. Carson, edif. correos». Nada más. Prokop se frotó los ojos y leyó de nuevo: «Se ruega al ingeniero P. que indique su dirección. Carson». Pero por todos los demonios… ¿quién era ese Carson? Y cómo sabía, cáspita, cómo podía saber… Prokop leyó por quincuagésima vez el misterioso anuncio: «¡KRAKATITA! Se ruega al ingeniero P. que indique su dirección». Y después: «Carson, edif. correos». De aquello no se podía deducir nada más.