La krakatita
La krakatita —Todo, le he guardado todo —parloteaba con vivacidad—. Cada viruta del suelo. Clasificado, guardado, con etiquetas, sellado. Jaja, podÃa haber huido con todo, ¿no? Pero yo soy un hombre honrado, caballero. Le devolveré todo. Tenemos que ponernos de acuerdo. Pregúntele a Carson. Danés de nacimiento, antes profesor titular en Copenhague. También hacÃa Ciencia, la divina Ciencia. ¿Cómo dijo Schiller? «Dem einem ist sie… ist sie…». No sé, pero es algo sobre la Ciencia; es la monda, ¿verdad? Bueno, no me dé aún las gracias. Más tarde. SÃ.
A Prokop ni siquiera se le habÃa pasado por la cabeza darle las gracias, pero el señor Carson estaba exultante, como un benefactor feliz.
—Yo en su lugar —farfulló entusiasmado—, en su lugar organizarÃa…
—¿Dónde está Tomeš ahora? —lo interrumpió Prokop. El señor Carson le echó una mirada inquisitiva.