La krakatita
La krakatita —Bueno —dijo entre dientes con precaución—, nosotros no sabemos nada de él. Eh, qué… —cambió de conversación con rapidez—. Organice… organice el laboratorio más grande del mundo. Los mejores aparatos. Un instituto internacional de quÃmica destructiva. Tiene razón, la cátedra es una estupidez. Recitar antiguallas, ¿o no? Una pérdida de tiempo. OrganÃcese al estilo americano. Un enorme instituto, un batallón de ayudantes, todo lo que quiera. Por el dinero no debe preocuparse. Punto. ¿Dónde va a desayunar? Me encantarÃa invitarle.
—¿Qué es lo que quiere? —se le escapó a Prokop.
Entonces el señor Carson se sentó junto a él en el catre, lo cogió de la mano con gran efusividad y dijo de repente con una voz totalmente distinta: «No se alarme. Puede ganar un montón de millones».