La krakatita
La krakatita —Ahá —exclamó Carson—, tremendamente interesante. Vino a vernos ese señor Tomeš…
—¿A quién, exactamente?
—A nosotros. Las fábricas de Balttin. ¿Las conoce?
—No.
—Una empresa extranjera. IncreÃblemente moderna. Un laboratorio experimental para nuevos explosivos. Fabricamos keramit, metilnitrato, cristal amarillo y ese tipo de cosas. Principalmente para el ejército. Patentes secretas. Usted nos venderá la krakatita, ¿verdad?
—No. ¿Y Tomeš está allà con ustedes?
—Ahá, el señor TomeÅ¡. Espere, es la monda. El tipo viene a vernos y dice: tengo un recado de mi amigo Prokop, un genio de la quÃmica. Murió en mis brazos y con el último aliento, jaja, me reveló… Jajaja, increÃble, ¿verdad?
Prokop sonrió sólo de medio lado.
—¿Y Tomeš sigue hasta ahora… en Balttin?
—Espere. Es comprensible, primero lo retuvimos… por espionaje. Vienen muchos a nuestro laboratorio, ¿sabe? Y esa sustancia, la krakatita, la enviamos a analizar.
—¿Resultado?
Carson levantó los brazos hacia el cielo.
—¡Fa-fabuloso!