La krakatita
La krakatita —Imagine —sermoneó febril—, imagine por ejemplo… ¡unnna ggguerra! El que tenga en sus manos la krakatita podrÃa… podrÃa… cuando quisiera…
—Por el momento sólo los martes y los viernes.
—… hacer saltar por los aires… ciudades enteras… ejércitos enteros… ¡todo! Basta… basta co-con es-esparcir… ¿Puede imaginárselo?
—Puedo. Fabuloso.
—Y por eso… por el bien de la humanidad… nunca… ¡no la venderé nunca!
—Por el bien de la humanidad —refunfuñó el señor Carson—. Sabe, por el bien de la humanidad serÃa más importante llegar al meollo de… de…
—¿De qué?
—De esa condenada estación de anarquistas.