La krakatita
La krakatita En fin, tras la tempestad con Carson era como si se hubiera despejado el ambiente. Prokop anunció que se escaparía cuando tuviera la más mínima oportunidad, pero dio su palabra de honor de que hasta aquel momento renunciaría a todo tipo de violencia y amenazas. A cambio, el señor Holz fue desplazado a una distancia de quince pasos y se permitió a Prokop moverse libremente en su compañía en un radio de cuatro kilómetros, de siete de la mañana a siete de la noche, dormir en el laboratorio y comer donde le apeteciera. Por otra parte, Carson le había colocado justo al lado del laboratorio a una mujer con dos niños, casualmente la viuda del obrero que había muerto durante la explosión de la krakatita, como una especie de garantía moral contra cualquier tipo de (digamos) imprudencia. Aparte de eso, se pagaba a Prokop un sueldo significativo en oro y se dejaba a su voluntad que por el momento se entretuviera u ocupara su tiempo como se le antojara.
