La krakatita
La krakatita —¡Al suelo! —rugió—. ¡Por todos los diablos, al suelo! —Su rostro era tan aterrador y furibundo que el señor Carson palideció, pegó dos grandes saltos y se metió en una profunda zanja. La princesa seguÃa caminando; ya no estaba más que a doscientos pasos de la galerÃa. Prokop estrelló el reloj contra el suelo y corrió a toda prisa tras ella—. ¡Al suelo! —chilló, agarrándola por el brazo. La princesa se giró de golpe y lo observó de arriba abajo con una mirada atónita: cómo se atrevÃa. Y entonces Prokop la derribó al suelo con ambos puños y cayó sobre ella con todo su peso.