La krakatita
La krakatita Cuando acudió a la cena, incrédulo y alerta, a duras penas la reconoció, de lo hermosa que estaba. Ella sentía su mirada, llena de admiración y celos, una mirada que la bañaba de la cabeza a los pies, así que comenzó a resplandecer y se entregó a sus ojos con tal despreocupación hacia los demás que Prokop se estremeció.
