La krakatita
La krakatita Habría hecho mejor si aquella noche no hubiera ido, pero acudió precisamente porque ella se lo había prohibido. Oncle Charles fue muy, pero que muy amable con él; por desgracia vio cómo la pareja, en una ocasión tremendamente inoportuna y evidente, se cogía de la mano; incluso agarró el monóculo para verlo mejor. Después la princesa apartó la mano y se sonrojó como una colegiala. Oncle se acercó a ella y le susurró algo mientras se la llevaba de allí. Luego ya no volvió; Rohn regresó, hizo como si no hubiera pasado nada y se puso a hablar con Prokop, sondeando muy discretamente en lugares sensibles. Prokop se contuvo de un modo inusualmente heroico, no reveló nada, lo cual tranquilizó al amable tío: si bien no en cuanto al contenido, al menos en cuanto a las formas.
—En público es imprescindible ser muy muy cauteloso —dijo por fin, dando así a la vez una reprimenda y un consejo. Prokop sintió un gran alivio cuando lo dejó inmediatamente después, reflexionando sobre el alcance de estas últimas palabras.
Lo peor era que, según todos los indicios, se andaba cociendo algo; sobre todo los familiares de más edad estaban a punto de estallar de gravedad.
